lunes, 28 de mayo de 2007

Salida didáctica: Una jornada de la semana de la Biología


Chicos,

El miércoles 13 de junio, los invitamos a una jornada de la “Semana de la Biología” organizada por la UBA en Ciudad Universitaria, Pabellón II.
Recorreremos la muestra del hall de entrada, con experiencias realizadas por alumnos de la facultad, y asistiremos a dos charlas brindadas por docentes de la UBA en el aula magna: 1- Sexo bajo el agua (y otros secretos de los peces) 2- La biotecnología está en todas partes.
La entrada es libre y gratuita, y para poder participar, deberá tener la siguiente autorización completa y firmada por quien registró la firma en el colegio en sus cuadernos de comunicaciones. (copiarla textualmente o imprimir y pegar en el cuaderno).
Aquellos que no asistan a la salida, deberán asistir al colegio como todos los días.
Espero que les interese la propuesta,
cariños,




Autorizo a mi hijo/a __________________________________, DU: _______________ del curso ___ año, ___ div., a concurrir a la “Semana de la biología” organizada por la UBA, el día 13 / 06 / 07 en el horario de 9. 00 hs. a 12.30 hs. donde participará de charlas, talleres y de una visita guiada a la muestra especialmente preparada para la ocasión.
Mi hija/o se presentará por sus propios medios y bajo mi responsabilidad en la entrada del Pabellón II de Ciudad Universitaria a las 9. 00 hs. puntualmente donde se encontrará con sus profesores, quienes le tomarán la asistencia y la/lo guiarán hasta el lugar de los talleres y charlas seleccionadas.
Terminada la jornada de actividades, alrededor de las 12.30 hs., mi hija/o se despedirá de sus profesores –quienes le volverán a tomar asistencia- y se dirigirá por sus propios medios bajo mi responsabilidad hasta mi domicilio.

Firma:
Aclaración:

lunes, 14 de mayo de 2007

¿Receta para fabricar ratones?

Dato curioso ¿fábrica de ratones?

El microscopio, invento del siglo XVII, reforzó la creencia en la teoría de generación espontánea, ya que reveló un mundo de organismos desconocidos pero se carecía de teorías que pudieran explicar lo que el instrumento permitía observar. Esto estimuló la imaginación de muchas personas, quienes encontraron nuevos argumentos a favor de la generación espontánea de organismos simples. Conocidas eran las recetas que circulaban en esa época para fabricar ratones: alcanzaba con poner ropa sucia y cáscaras de trigo para que a lo largo de 21 días aparecieran ratones. Algunos llegaron incluso a sostener que, bajo condiciones controladas, se podía crear un hombre a partir de un cadáver.


El microscopio muestra un mundo desconocido

El desarrollo del microscopio, hace más de 300 años, mostró que la vida no está limitada a lo que se ve por observación directa. Aquel invento permitió descubrir niveles de complejidad insospechados en los organismos vivos. Mediante el microscopio aparecía un mundo nuevo que los científicos de la época no sabían cómo interpretar. Los primeros, construidos en el siglo XVII, tenían una sola lente.

Antoni van Leeuwenhoek, un vendedor de telas holandés, fue uno de los primeros fabricantes de microscopios. Su instrumento era bien simple: una sola lente montada en una placa de metal con tornillos para mover lo que se quisiera ver y enfocar la imagen. Bajo su lente, Van Leeuwenhoek observó todo lo que pasaba por sus manos: polvo de diamante, lana de cordero, pelo humano, pepita de naranja, excremento de rana, vino, restos de piel, restos de hueso, etcétera. Cientos de pequeños seres vivos totalmente desconocidos por los científicos de la época aparecían con su microscopio.

Durante 50 años, Leeuwenhoek publicó regularmente el resultado de sus minuciosas observaciones en la Royal Society británica, que había sido creada recientemente. Al mismo tiempo, en Inglaterra, un empleado de esa organización, Robert Hooke, también describía las maravillas que aparecían a través de la luz del microscopio. En su libro Micrographia, que constituyó una de las primeras publicaciones sobre el tema, Hooke incluyó descripciones y dibujos detallados de diversas observaciones microscópicas y telescópicas. Si bien Hooke describió cómo el corcho y otros tejidos vegetales estaban formados por pequeñas cavidades separadas por paredes, a las que llamó células, su trabajo fue sólo descriptivo ya que no esbozó teoría alguna.


Figura 1. Grabado de un microscopio compuesto del siglo XVII, del libro Micrographia de Robert Hooke.

Las primeras lentes podían producir un aumento de hasta 200 veces, pero tenían varias limitaciones. Los microscopios distorsionaban la forma y el color de los objetos y la mayoría de los científicos veía estos instrumentos como juguetes y no como algo útil para su trabajo. Lamentablemente, la ciencia no logró avanzar demasiado con estas observaciones, ya que los primeros microscopistas no tenían ninguna preocupación más que el placer de descubrir cosas nuevas y no intentaron dar una explicación teórica a lo que veían. Tanto es así que las observaciones de Leeuwenhoek y Hooke pasaron casi inadvertidas por los científicos de la época. Esto se debe sobre todo a dos razones: Leeuwenhoek no tenía educación formal y Hooke era sólo un empleado de Royal Society, y no miembro de ella. Además, en el siglo XVII aún se valoraban más la observación y la experimentación, ideas que se continuaba desde de la Edad Media.


Figura 2. Fotografía de un microscopio compuesto fabricado en Londres en 1750. Photo by Bob Tubbs 2005.

sábado, 12 de mayo de 2007

Primeras teorías de origen de la vida

Les recuerdo que como siempre, encontrarán información complementaria para leer más sobre el tema que estamos estudiando en estas páginas.

¿Cómo se origina la vida?
Esta es una pregunta que muchos se hicieron desde siempre. Sin embargo, como veremos, no fue tan sencillo encontrar una respuesta adecuada y llevó bastante tiempo, experimentos y argumentos convencer que los ratones no nacen del polvo o de la nada, como sostenían muchos.

LA GENERACIÓN ESPONTÁNEA

¿Cómo se generó la vida?

Esta pregunta elemental, no tiene una respuesta categórica, todavía. El hombre primitivo para explicarla creó los mitos y la intervención divina, aunque se admitía que formas inferiores de vida, podían nacer de materias inertes; ésta era la teoría de la generación espontánea.

El italiano Redi fue el primero en dudar de tal concepción y usó la experimentación para justificar su duda. El experimento consistió en poner carne en un tarro abierto y en otro cerrado también puso carne. Las cresas, que parecían nidos de huevos de moscas, se formaron en el tarro abierto, cuya carne se había descompuesto. El italiano dedujo que las cresas brotaban de los pequeñísimos huevos de las moscas.


En 1765, otro italiano - Spallanzani -, repitió el experimento de Redi, usando pan, un recipiente abierto y otro herméticamente cerrado, con pan hervido. Solo brotaron cresas en el pan que estuvo al aire libre. Entonces, como ha ocurrido muchas veces al avanzar la ciencia, no faltaron incrédulos y alegaron que al hervir el pan, se había destruido ¡un principio vital!




Años después Antoni Van Leeuwenhoek construyó lentes de aumento con los cuales pudo observar una gran cantidad de microorganismos desconocidos hasta ese entonces.




La controversia entre los seguidores de la teoría de la generación espontánea y los opositores siguió hasta el siglo XIX; en esa época el médico Louis Pasteur (1862) logró probar la invalidez de la teoría de la generación espontánea. Empezó por aclarar la presencia de organismos en el aire y los responsabilizó de la descomposición de la materia orgánica. Otros experimentos cada vez más perfeccionados siguieron al de Pasteur, el resultado final fue la comprobación de que la vida no puede proceder sino de otra vida preexistente, siendo por tanto desterrada para siempre la teoría de la generación espontánea la cual había permanecido vigente durante siglos.

El golpe mortal a la generación espontánea
En 1860, la polémica entre espontaneístas y sus contradictores se había hecho tan intensa que la Academia de Ciencias francesa ofreció un premio a quien pudiera resolver la controversia. Louis Pasteur, un microbiólogo y químico francés, lo ganó con una serie de experimentos tan bien diseñados que no permitían dudar de que la vida no surgía de la nada.



Pasteur utilizó recipientes con cuellos largos y curvos, en los que colocó un caldo que había hervido durante algunos minutos. Al retirarlo del fuego, el aire entraba por el cuello, pero los microbios quedaban atrapados en él, lo que impedía que contaminaran el líquido y permitía conservarlo estéril indefinidamente. Sólo cuando se rompía el cuello, aparecían organismos en el caldo.

Con esto, Pasteur derribó definitivamente la teoría de la generación espontánea, pues demostró que los organismos sólo aparecían cuando había aire contaminado. También demostró que los procesos de fermentación se deben a la presencia de microorganismos que pueden eliminarse con calor (un proceso que hoy llamamos pasteurización). Y dedujo que, así como éstos producían la fermentación de la leche, la cerveza o el vino, los gérmenes eran la causa de numerosas enfermedades, las llamadas infecciosas. Otros siguieron ese camino, entre ellos, Robert Koch, un médico alemán, quien descubrió el origen infeccioso del cólera y la tuberculosis.



Pasteur utilizó frascos con cuello de cisne y observó que aparecían microorganismos sólo cuando se rompía el cuello de los frascos. Esta historia de dos siglos, de fines del XVII a fines del XIX, y de Leeuwenhoek a Pasteur, llevó a la certeza actual de que los seres vivos provienen de otros seres vivos y no de la materia inanimada.