lunes, 14 de mayo de 2007

¿Receta para fabricar ratones?

Dato curioso ¿fábrica de ratones?

El microscopio, invento del siglo XVII, reforzó la creencia en la teoría de generación espontánea, ya que reveló un mundo de organismos desconocidos pero se carecía de teorías que pudieran explicar lo que el instrumento permitía observar. Esto estimuló la imaginación de muchas personas, quienes encontraron nuevos argumentos a favor de la generación espontánea de organismos simples. Conocidas eran las recetas que circulaban en esa época para fabricar ratones: alcanzaba con poner ropa sucia y cáscaras de trigo para que a lo largo de 21 días aparecieran ratones. Algunos llegaron incluso a sostener que, bajo condiciones controladas, se podía crear un hombre a partir de un cadáver.


El microscopio muestra un mundo desconocido

El desarrollo del microscopio, hace más de 300 años, mostró que la vida no está limitada a lo que se ve por observación directa. Aquel invento permitió descubrir niveles de complejidad insospechados en los organismos vivos. Mediante el microscopio aparecía un mundo nuevo que los científicos de la época no sabían cómo interpretar. Los primeros, construidos en el siglo XVII, tenían una sola lente.

Antoni van Leeuwenhoek, un vendedor de telas holandés, fue uno de los primeros fabricantes de microscopios. Su instrumento era bien simple: una sola lente montada en una placa de metal con tornillos para mover lo que se quisiera ver y enfocar la imagen. Bajo su lente, Van Leeuwenhoek observó todo lo que pasaba por sus manos: polvo de diamante, lana de cordero, pelo humano, pepita de naranja, excremento de rana, vino, restos de piel, restos de hueso, etcétera. Cientos de pequeños seres vivos totalmente desconocidos por los científicos de la época aparecían con su microscopio.

Durante 50 años, Leeuwenhoek publicó regularmente el resultado de sus minuciosas observaciones en la Royal Society británica, que había sido creada recientemente. Al mismo tiempo, en Inglaterra, un empleado de esa organización, Robert Hooke, también describía las maravillas que aparecían a través de la luz del microscopio. En su libro Micrographia, que constituyó una de las primeras publicaciones sobre el tema, Hooke incluyó descripciones y dibujos detallados de diversas observaciones microscópicas y telescópicas. Si bien Hooke describió cómo el corcho y otros tejidos vegetales estaban formados por pequeñas cavidades separadas por paredes, a las que llamó células, su trabajo fue sólo descriptivo ya que no esbozó teoría alguna.


Figura 1. Grabado de un microscopio compuesto del siglo XVII, del libro Micrographia de Robert Hooke.

Las primeras lentes podían producir un aumento de hasta 200 veces, pero tenían varias limitaciones. Los microscopios distorsionaban la forma y el color de los objetos y la mayoría de los científicos veía estos instrumentos como juguetes y no como algo útil para su trabajo. Lamentablemente, la ciencia no logró avanzar demasiado con estas observaciones, ya que los primeros microscopistas no tenían ninguna preocupación más que el placer de descubrir cosas nuevas y no intentaron dar una explicación teórica a lo que veían. Tanto es así que las observaciones de Leeuwenhoek y Hooke pasaron casi inadvertidas por los científicos de la época. Esto se debe sobre todo a dos razones: Leeuwenhoek no tenía educación formal y Hooke era sólo un empleado de Royal Society, y no miembro de ella. Además, en el siglo XVII aún se valoraban más la observación y la experimentación, ideas que se continuaba desde de la Edad Media.


Figura 2. Fotografía de un microscopio compuesto fabricado en Londres en 1750. Photo by Bob Tubbs 2005.

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